Carta a las Mujeres
Por:
Mauricio Pinzón Blanco
Le
doy gracias a la MUJER por haber mordido la manzana... por habernos liberado
del insípido paraíso, de la tranquilidad del Edén donde el hombre no hubiera
sido sino un animal más entre muchos. No le debemos dar gracias a Dios por
haberla creado, pues su naturaleza indomable hace del hombre un ser doblegado
ante ella, un esclavo de sus pensamientos, de su silencio, de su calor, de sus
palabras, de sus besos que embriagan y de sus mentiras que matan.
Hoy
el poeta debe dar gracias, el escritor debe escribir para ellas, las botellas
de vino de la mejor cepa se deben consumir en honor a la mujer, pues Bacco se
regocijaba en sus bacanales únicamente mezclando vino y mujer, los nadaístas
afirmaban que la unión del vino con el yo interior es un poema, y que, así
mismo la unión del hombre y la mujer es un poema, siendo la mujer el elemento
indispensable para encontrar el placer sublime e insuperable de la vida.
La
mujer no solo da a luz al hombre, también hace que el hombre pueda parir su
verdad, lo que de sus entrañas y de su corazón brota hasta crear su propia alma,
es el motor que mueve nuestros sentimientos, es la naturaleza hecha carne, como
el Caribe y sus playas, como la selva y sus flores que son femeninas porque
huelen a mujer.
Tan
grande debe ser el agradecimiento hacia ellas, que se debe extender ese
agradecimiento aún a las mujeres
calificadas por esta sociedad hipócrita y falsa como inmorales, yo digo que la
mujer no es inmoral, es la sed que sentimos los hombres por ellas y nuestro
insaciable deseo, lo que provoca que ellas muerdan otra vez la manzana.
Hoy
le debemos dar gracias a la mujer
por tumbar y derrocar a los imperios más tiranos y barbaros de la
historia, porque ellas son el principio y el fin de la vida, las receptoras de
la especie humana, la tierra fértil que nos alimenta, la que condena al
destierro o a la libertad, es ella nadie más.
Que
hombre no ha quedado prendado de una mujer ante su mirada indiferente, que ser
humano no le pide a su Dios volver a sentirse adentro de su ser y de su alma,
quien no espera las horas y deja que el tiempo clave sus afiladas hojas sobre
su cuerpo, con la única recompensa de percibir el olor de su pelo y de sus susurrantes gemidos al ser uno solo.
Hoy
me embriago al recordar a una mujer, hoy me sacrifico como el pájaro espino
para cantar lo más alto posible el milagro natural de la mujer, hoy es el día
en que se debe reconocer que no hay pena ni dolor que no se pueda sopesar al lado de una hermosa dama,
hoy es el día en que conmemoramos su existencia y celebramos su bondad por
compartir la vida con nosotros.
Perdona
a los hombres porque sí saben lo que hacen, pues contigo no se puede
improvisar, perdona a quien te hirió porque nunca lo hizo con intención sino
llevado por sus instintos. A cambio de tu perdón el hombre te devolverá la vida que le diste y se sacrificará en el
goce de tu tierno abrazo y en el calor
de tus senos.
Por
tu sonrisa, por tus palabras, por tu mirada, por tu pensamiento y por tus
acariciantes manos Gracias…!
Mauricio Pinzón Blanco.
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